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El No Es Tu Padre

He notado muchas veces cómo una gran cantidad de personas ven a su pastor o sacerdote como un padre. Creo que hacer esto añade un peso más a la ya pesada carga que muchos de estos hombres llevan.

Quizás por eso, cuando uno de estos líderes falla, las personas se decepcionan a tal punto que abandona sus congregaciones y en algunos casos, hasta se llena de rencor hacia estos lideres.

A veces creo que es ingenuo de nuestra parte pensar así. Sé que algunos ya estarán diciendo que su pastor o sacerdote ha sido como un padre, que le ha ayudado muchísimo, y no lo dudo. Pero creo que el trabajo de estos hombres incluye muchas más cosas. A veces buscamos en ellos al padre que no tuvimos o a la figura de autoridad que en casa nunca vimos; buscamos en ellos la validación que posiblemente no encontramos en nuestra familia.

Esperamos de ellos sus oídos, la protección y el amor que muchas veces en casa está ausente, cuando al que deberíamos buscar en primer lugar es a Jesús. Si ese líder no es capaz de darnos aquello que buscamos, inmediatamente le juzgamos y comenzamos a dudar de su autoridad solo porque no encontramos en ellos la contención, comprensión o apoyo que esperábamos.

Muchas veces se nos olvida lo humanos que son y cómo, a veces, los elevamos a un altar donde no deben estar. Nos creamos una imagen de lo que ellos deberían hacer con nosotros y, cuando no cumplen nuestras expectativas, comenzamos a criticarles y a buscarles defectos. Se nos olvida que ellos también necesitan descanso, un hombro donde recostarse y una ayuda para seguir adelante. Se nos olvida que Jesús es el buen pastor y que nuestra dependencia debe ser hacia Él, no hacia la figura de autoridad dentro de la iglesia.

Lo que digo es que dejemos de tener estas expectativas tan altas sobre estos hombres de autoridad y nos enfoquemos más en Jesús, porque al final el que fue a la cruz fue el carpintero de Belén y no tu líder. Respeto mucho a los pastores que he tenido a lo largo de mi vida y agradezco su trabajo; sin embargo, mi mirada debe estar siempre puesta en Jesús, tal cual lo dice la Biblia: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

Porque si hacemos esto, la próxima vez que nuestro líder cometa un error, nuestro piso no se moverá, ni vamos a querer abandonar la iglesia y mucho menos darle la espalda a Dios. Estaremos más conscientes sabiendo que, si fallaron, es por lo humanos que son, y que esto solo debe afirmar aún más nuestra fe en aquel que sacrificó todo por nosotros en la cruz del Calvario.

Un fuerte abrazo